Yo tampoco saldría con Leire

Ha dicho la secretaria interplanetaria que igual saldría con alguien del PP pero le costaría sangre, sudor, lágrimas y jaquecas. ¡Pobrecilla! Lo que se pierde… Ahora que, allá ella.

El tema inunda la red. Prevost le contesta en el twitter, Alfonso Serrano en su blog, y yo en el mío. Y por raro que parezca, le doy la razón a la Leire, a la Pajín, a la Bibiana y a la Aído. ¡Ahí queda eso! Yo tampoco saldría con esas muchachas.

  • Primero, porque como hombre materialista que soy, las considero bastante feas. Más aún la Leire que la Aído.
  • Segundo, porque una de las cosas que más valoro en una mujer es su decencia. Y pasar de becarias a altos cargos políticos me parece de gente sin decoro y se me caería la cara de vergüenza de tener una pareja así.
  • Tercero, porque aún obviando todo lo anterior, tengo que valorar su actuación presente y como senadora la una, como ministra la otra, me parecen a cada cual más incompetentes. Y yo valoro muchísimo en una mujer su valía personal y su esmero profesional. Tonto que es uno, prefiero mil veces antes la persona que se vuelca en hacer bien su trabajo, que al mediocre que hace uso de la demagogia y el insulto para tapar sus carencias.

Dicho todo lo cual tengo que darles la razón a Leire y a Aído, porque difícilmente se les puede llevar la contraria en ésto. A mí también me costaría lo mío salir con una socialista.

En un mundo ideal donde la política sólo se metiese en los asuntos públicos, podría plantearme salir con una socialista o una comunista, incluso. ¿Por qué no? Al fin y al cabo las personas tenemos fondo y forma y el fondo se asienta fácilmente en nuestros sentimientos. Pero en el mundo actual, la realidad que nos ha tocado vivir es otra muy distinta y la política lo invade todo. Tal es así que la política habla de a quién se le debe pagar o una operación. Si se debe de hacer más o menos VPO o simplemente si hacerlas o no. Si la educación pública debe imprimir unos valores y qué valores debe imprimir. Si he de obligar a los hijos de los demás a estudiar las lenguas autonómicas que yo no quiero para los míos. Se mete en los espectáculos de los que puedes disfrutar y de los que no. Qué puedes consumir y qué no. Se mete en la religión, la ética y la moral. Se mete en la sexualidad.

¿Cómo entonces va uno a tener por pareja a alguien profundamente distante en lo ideológico?

La respuesta que se suele dar en estos casos es que se puede querer a alguien aunque tenga unas ideas distintas. Se puede, claro. Si no fuera así sería casi imposible la relación padres-hijos. Y aún así no siempre es fácil… Pero no estamos hablando de un “querer” genérico. Primero, que yo no sé en qué tipo de pareja pensaban esas dos cuando opinaron sobre el asunto. Siendo socialistas, ¡vaya usted a saber! Igual hablaban de revolcones esporádicos… Pero suponiendo que hablasen de una pareja estable y de amor y de lo que éso conlleva, yo tampoco saldría con una socialista.

Puede ser una buena persona aunque no comparta sus ideas. Sí, por supuesto. Pero a mí no me basta que alguien sea una buena persona para enamorarme de ella. De hecho, si empezamos a quitar concrecciones y nos quedamos en lo abstracto, seguramente la mayor parte de la gente es una “buena persona”. Y tampoco me planteo una relación con alguien si no es por amor… Será que soy un clásico…

Yo soy de los que me enamoro de la persona, no de una idea de persona y mucho menos de una abstracción de los sentimientos de una persona o de una generalización sobre la moralidad de las personas. A mi pareja la amo por lo que es, por lo que siente y piensa y hace y no hace. Por cómo se manifiesta en cada caso. Por el apoyo que me da cuando lo necesito y porque me hace sentir útil cuando ella necesita apoyo y veo que el que yo le doy la ayuda. Por la forma en la que ve el mundo y los detalles de su persona. La amo por todo eso y mucho más que no cabe en este post.

Por supuesto que al final del día hay opiniones distintas en la pareja. ¡Dios Santo, no quiero imaginarme cómo sería una pareja con dos Aldros! ¡Aberración! ¿Aburrimiento? No. Depresión garantizada, como poco. ¡Eso sería insufrible! Pero en una pareja es muy importante compartir una visión de la vida para la propia pareja y para los hijos que se tengan o puedan venir. Y en todo ello, hoy por hoy, se mete la política.

Por supuesto, imposible no es. Se puede salir con alguien de ideas distintas. Máxime si alguno de los dos ha heredado sin demasiado celo las ideas familiares y no le importa en exceso conservarlas o que se pierdan. O si ambos discrepan en grados de profundidad en el mismo sentido de una idea. Pero ¿cómo puede alguien que cree en la vida vivir con una persona que defiende que el feto no es humano? Y en eso también se mete la política.

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