Cuando el mal triunfa: En España también podemos hacer Grexit.

Pocas reflexiones son más conocidas que la de Edmund Burke sobre lo que sucede cuando el bien no hace nada, ni pocos ejemplos tan vívidos y claros tendremos a nuestro alcance como el caso de Grecia para comprobar lo certero de la afirmación.

Para que el mal triunfe sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada“.

(Edmund Burke)

Hay muchas formas de mal en la vida. El mal, aunque a veces se presente en forma de monstruo que encierra a su hija en una celda o de fanático religioso que degolla inocentes por no profesar su fe, o de psicópata que busca en la tortura y el asesinato su placer, no siempre es tan llamativo ni evidente.

La mayor parte de las veces el mal es más bien una bruma que envuelve nuestras decisiones diarias y las impregna de relativismo. Una pendiente descendente suave y florida que nos arrastra hacia el fondo de la caverna más oscura y tenebrosa sin que nos demos cuenta de lo lejos que estamos dejando la luz.

La historia de la debacle económica griega se escribe, sobre ese plano inclinado del mundo que arrastra a los débiles hacia la oscuridad, con palabras exculpatorias de las responsabilidades propias y ajenas y los silencios de los que sentían cómo la oscuridad avanzaba sobre sus cabezas y les daba igual o no hicieron acopio de fuerzas para luchar.

Así, poco a poco, se desliza el ser humano por el camino del mal. Y fue así, poco a poco, primero una irregularidad y luego otra, primero un mirar para otro lado y luego un justificar un despropósito, como acabaron los griegos donde están: En la ruina.

No es posible disculpar a los griegos. Aún hay quien lo hace. Lo vemos cada día, incluso en Twitter o en artículos de opinión donde se nos recuerda que a Syriza sólo la votaron la tercera parte de los griegos. ¿Y qué? Gobiernos helenos, escogidos por unos y otros, los ha habido de todos los colores, y todos han recorrido el mismo camino del mal. Primero un desliz y luego otro. Primero una excusa y luego otra. Primero una justificación y detrás otra más. Y al final, hubo una vez un país donde para 4 macetas hacían falta 50 jardineros, o para conducir un coche oficial 50 chóferes. Un país donde el gobierno no sabía el número de empleados públicos que tenía y donde se pagaba a mayores a los empleados por llegar a tiempo a trabajar. Un país donde, al final, se acabó sosteniendo a voz en grito que las deudas sólo hay que pagarlas si apetece y no son “odiosas” (sic).

En España PODEMOS acabar como ellos.

En Francia o en Alemania, incluso en el Reino Unido donde un día la ALTERNATIVA, el otro mundo es posible, la kaleborroka, los antisistema, los de las deudas injustas y odiosas prendieron fuego a la capital del Reino. En todas partes se puede acabar siendo Grecia, o Venezuela o Cuba. Es sólo cuestión de empezar a transitar el camino y no abandonarlo.

Todos podemos recorrer esos caminos suaves hacia la caverna. España ya está en ello. Un día dejó de valorar el esfuerzo y se decidió que los chavales debían poder pasar de curso sin aprobar las asignaturas y que los empresarios debían hacer sus negocios con el dinero de todos en vez de con el suyo. Otro día se dejó de valorar la responsabilidad y se ampararon las corruptelas y prevaricaciones con el fervor propio de los partidos de fútbol. Otro día se relativizaron todos cuantos valores sustentan una democracia y se justificaron todo tipo de atropellos e imposiciones, como la liquidación de la división de poderes, las imposiciones lingüísticas, la equiparación de víctimas y verdugos, los ataques contra la libertad de expresión o de culto, o lo que hiciera falta, y hoy ya hay una parte significativa de españoles que rueda cuesta abajo hacia la caverna más oscura, gritando como griegos que las deudas no hay por qué pagarlas si a uno no le va bien. Jaleando el odio y la violencia, asilvestrados, furibundos, como bestias. Tan atrás han dejado ya la luz…

Estos días, José María Aznar ha salido una vez más a decir que hay que dar la cara, hacer política. Recuperar valores perdidos o, peor aún, abandonados. Y tiene razón, como la ha tenido cada vez que se ha pronunciado en este sentido. Y está muy bien que salga a decirlo. Ojalá alguien le haga caso, aunque lo dudo.

El mal triunfa sólo con que los hombres buenos no hagan nada, decía Edmund Burke; y en el caso de Grecia como en el de España, ¿qué han hecho los hombres buenos? No puedo dejar de pensar que no hicieron nada, o hicieron muy poco. Hasta el punto que al final no puedo evitar preguntarme si son buenos o son otra forma de malos, que contemplan cómo el mundo se derrumba sin mover un dedo para evitarlo.

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3 comentarios en “Cuando el mal triunfa: En España también podemos hacer Grexit.

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