¿Por qué habría de dimitir Zapata o Rita Maestre o cualquier otro podemita?

Hay un cierto revuelo en Twitter, fruto del desconcierto, porque alguna gente no comprende cómo es posible que los podemitas salgan con burlas al Holocausto y el desprecio a las víctimas. ¡Pero si eso del antisemitismo era cosa de Hitler! ¡La extrema derecha! ¿Cómo es posible que los comunistas, los de la revolución del proletariado salgan con esas cantinelas?

Pues no sé qué deciros… Pero dejadme que os cuente algo:

Eso que andando el tiempo se ha conocido como el Partido Nazi, el partido de Hitler… ¡Adolf Hitler! Ese señor con bigote ridículo que identificó el alemán con un idioma de sonoridad desagradable mientras gaseaba judíos en en Birkenau. Pues sí, eso, el llamado Partido Nazi, respondía al realmente descriptivo nombre de “Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán” y sí, por si os lo estáis preguntando en estos momentos, en sus inicios, y no sólo en sus inicios, se caracterizó por una política abiertamente anticapitalista y anti-burguesa. Su primer demonio, de hecho, fue la banca; y la línea central de su discurso el empoderamiento de la clase obrera y la negación de la deuda alemana con los países extranjeros. De hecho Hitler, en su afán por “liberarse del capitalismo”, no sólo pagó a los trabajadores con certificados de trabajo sino que incluso llegó a promover cierta forma de trueque de bienes y equipos con otros países. Algo parecido a lo que hace hoy la Venezuela de Chavez y Maduro con el petróleo del país.

Detrás de la tan impopular como conocida palabra “nazi” se esconde la igualmente terrible pero menos conocida palabra “nacionalsocialista”, que es exactamente lo que es un nazi, un nacionalsocialista. Nacionalismo + socialismo. Eso es el llamado “nazismo“. Escrito con “z”, como reflejo de su origen alemán: Nationalsozialismus. Podrían quizás haberlos llamado “nasos” en vez de “nazis”, pero así la raíz socialista del término hubiera sido más evidente, y en honor a la verdad hubiera sido muy injusto para con los “sozis”, o afines al SPD de entonces (el SPD es aún hoy el Partido Socialdemócrata Alemán), que mantuvieron una firme posición de rechazo ante los “nazis” y tuvieron que exiliarse del país.

¿A alguien le suena por cierto que la oposición a Maduro es la socialdemocracia venezolana?

En todo caso, una vez hecho este breve repaso por la historia, regresemos a la pregunta que titula el post: ¿Por qué habrían de dimitir estos señores?

La respuesta más extendida estos días es que nadie puede ser representante de la población si opina de esa forma. Bien, no negaré que yo mismo he sostenido eso hasta ayer mismo; pero me temo que no es verdad. Pueden. De hecho, ahí están.

Así que volvamos a la pregunta: ¿Por qué habrían de dimitir? Y lo cierto es que la respuesta es que no hay motivo para ello.

No lo hay.

Si la razón para dimitir de alguien es hacer algo deshonesto o quebrantar la ley, no es un argumento válido. La ley no la han quebrantado en tanto no lo diga un tribunal (por más que a muchos nos parezca claro que sí lo han hecho, está por demostrar) y deshonesto no han hecho nada.

No, nada.

No según su ideario. Y a fuer de ser sinceros nadie podrá decir que lo hayan ocultado. A la vista estaba. En Twitter, y no en cuentas privadas para un grupo reducido protegidas por contraseña. Eran públicas. Así que repito: ¿Por qué habrían de dimitir? Y la respuesta es una vez más muy clara: No hay motivo para ello.

Sin embargo, a nadie con mínimo sentido común y decoro se le escapa que la respuesta es insatisfactoria, incómoda e incluso hiriente: No deberían estar ahí. ¡Ah! Esa es otra historia. No, no deberían. Pero están. Así que la verdadera pregunta a responder es: ¿Por qué están ahí? 

¿Saben? A mí la situación española me recuerda mucho a la de aquellos que vivían en una finca y no querían ocuparse de cosas tan molestas como cambiar la cerradura de la verja de entrada, así que contrataron a un administrador de fincas que cada año les cobraba más y más, y cada vez que tenían algún problema les decía que ya se lo resolvería o les dejaba las cosas a medio hacer y les contestaba que bastante hacía ya, que él sabía de eso y era lo que les convenía. Al final, los propietarios, por no tener problemas le firmaron un poder y le dijeron que hiciese lo que quisiese. Y lo hizo. Al poco tiempo el administrador les dejó sin finca y les obligó a pagarle una renta para poder seguir viviendo en las que antes habían sido sus propiedades. Así que los expropietarios indignados se rasgaban las vestiduras y acusaban al administrador de desleal.

Yo creo que lo que tenían que haber hecho los vecinos era indignarse con ellos mismos por no haber velado por sus propiedades y no perder tiempo en acusar al administrador desleal sino ponerse manos a la obra para deshacer el desastre y evitar que les volviese a ocurrir.

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