El miedo y los cobardes

Ejemplo de estafermo

¿Quién a estas alturas no conoce la teoría de “el estafermo”, de Pedro J. Ramírez? Por si hubiera alguien que no la conociese aún, la resumo de forma muy libre a renglón seguido: Mariano Rajoy, el estafermo, atiza por la izquierda con el voto del miedo a quien lo ataca por la derecha anunciando la siguiente debacle electoral.

El texto de Pedro J., que hace tiempo que el refrendo de los hechos lo ha despojado de cualquier aspecto especulativo y bautizado como una verdad universal, nos describe no sólo el lodazal inmovilista del actual gobierno sino el barrizal del que vino.

Pero la opinión de Pedro J. centra su atención en la figura del registrador compostelano y su relación con el partido. Y si bien, como certero cronista de los entresijos del poder, acierta palabra tras palabra en su relación de hechos e impresiones, obvia Pedro J. un aspecto fundamental de la historia, que es el de las andanzas del propio pueblo ante el que el dios Rajoy se muestra tan distante como displicente. Y es que la relación entre el pueblo popular y el dios genovés nunca ha sido especialmente afectiva. Y a cada uno lo suyo: Los que comenzaron dándole la espalda a un dios que nunca sintieron como suyo y echándose en manos del vellocino del consenso socialdemócrata fueron los votantes: Un 14 de marzo de 2004 decidieron condenar al gobierno de la nación y al candidato Mariano Rajoy por el atentado del 11 de Marzo.

Hoy todo el mundo reivindica la visión del partido de Aznar, pero hemos sido muy pocos los que durante todo este siempre hemos seguido diciendo sin variación que, con todos sus errores (que los tuvo), fue el mejor presidente de la democracia. Tiempos hubo en los que los palominos populares no querían saber nada del hoy, una vez más, aclamado Presidente.

Hoy, Mariano Rajoy apuesta sus cartas al voto del miedo. Equivocadamente, como se demostrará en noviembre; pero es su apuesta, su particular venganza: Espada o abismo. ¡Escoged, malditos! Porque en España, la derecha, secuestrada por sus complejos, en su huida hacia ninguna parte cuanto más lejos de sus principios raptores mejor, ha llegado a una encrucijada de precipicios, en donde se acaban todos los caminos y en la que cada metro es de mortal caída; pero no valen los lamentos, porque no ha sido un mal líder, ni un mal gobierno de 4 años: Han sido muchos años de silencio. Y no nos engañemos, no hay mayor cobardía que la del que calla cuando siente en las entrañas que debe gritar. No hay mayor cobardía, ni traición ni estupidez. El error se paga caro por cualquiera de los tres conceptos. Y la derecha española los está pagando por los tres.

No es Rajoy, ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera ni siquiera Pedro Sánchez quienes no están su papel. ¡Y allá los concejales y barones que han salido dando portazo para disimular su silenciosa sumisión al cargo! Tienen lo que se merecen. Y desde luego, no son las hordas podemitas las que se salen del guión. Todos están es sus respectivos puestos haciendo lo que les corresponde. Es la derecha quien no está en su sitio, tras un largo peregrinaje al sinsentido: Los que deberían haber reivindicado su libertad, los primeros que, por principios, tendrían que haber exigido a su partido participación y representación, y que sus dirigentes respondiesen a sus demandas, fueron los que callaron.

Algún día en la Wikipedia alguien escribirá sobre ello y dirá que, para vergüenza de la derecha, la izquierda más radical, estatalista y totalitaria hizo su agosto saliendo al mercado, identificando perfectamente su target market, creando necesidades donde no las había y dándole siempre la razón al cliente (al menos hasta que tuvo su voto); mientras en la derecha los líderes les negaban la razón a sus votantes y los votantes miraban alrededor, desconcertados, esperando que alguien les solucionase el problema, como socialistas que miran a papá Estado esperando que les resuelva la vida.

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3 comentarios en “El miedo y los cobardes

  1. Faltaría por precisar que el PP-de-Rajoy no es un partido “de derechas”, sino que se ha acercado más de la cuenta a la socialdemocracia que dice profesar el PSOE (mientras de hecho se ha echado al monte).

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