Mamanding, perreos, y adultos idiotas

“Yo por una botella de cava, me despeloto” declaró alegremente la “universitaria” mientras entre “uys” y “ays” y muchas risas tontas propias y de sus compis de uni se dirigía hacia el escenario a perrear como una golfa…

La cosa es, según dice una experta de algo, que se trata de la “cosificación de la mujer”.  La mujer como una cosa, y eso. Esta debe de pertenecer al Partido Humanista: NO eres una lavadora. No eres un televisor.

La responsabilidad es del empresario

“La responsabilidad es del empresario” sentencian contundentes todos los preguntados; porque sí, son mujeres mayores de edad, libres, no esclavas; pero no son responsables de sus actos. Son idiotas, vaya.

Por su parte, el empresario está que lo flipa. “¡Pero si también organizamos fiestas de chicos…! ¿Por qué tanto revuelo?” Pues porque son chicas, chico; que no te enteras. Porque vivimos en el mundo de la igualdad de género esa, que algún día obligará a los hombres a amputarse el miembro para no ofender a las miembras; porque para algunas la igualdad no se alcanzará hasta que no sissifiquen a todos los hombres. Y en esas están.

Y no se crean, que en estas están todas las miembras o miembrecillas en cuanto se sienten alguien: “Mujeres cachis”, “Mujeres guays”, “Supermujeres”, “Mujeres por la igualdad”, “Mujeres por la libertad”, “Mujeres por un bocadillo caliente”… Cualquier cosa vale para “empoderar” a la mujer y para reivindicar una subvención o simplemente sentirse importantes, que también cuenta. No sea que un día en aras de la “igualdad” se les ocurra montar una “Asocación por la libertad” o similar, donde todo el que suscriba el ideario pueda participar…. Igualdad de género lo llaman…

Que los jóvenes hoy – universitarios, dicen, que no creo que nadie les haya pedido el carné para saber si lo son o no; por ende mayores de edad a los que se les supone una mejor formación- entiendan divertido desnudarse o chuparla a cambio de copas (lo llaman “mamanding“) no es precisamente una buena noticia; la degradación del ser humano nunca lo es y si encima acaba en prostitución, peor aún; y si, todavía para más inri, acaba en una prostitución que hace digno al estilo cubano, esto es, sexo por bocadillos (al fin y al cabo fruto de la necesidad), mucho peor aún.

Pero a mí me parece tanto o más grave que quienes dicen preocuparse de estos comportamientos lo hagan desde la demagogia y el pensamiento único nihilista totalitario. El caso es tratar a la gente como niños, siempre como niños. Siempre negándoles la capacidad de decisión, quitándoles cualquier responsabilidad sobre sus actos.

¿Que el empresario es un tipo sin escrúpulos, de moral digamos relajada, que solo busca hacer caja sin importarle todo lo demás ni una higa ni media? Cierto. Pero que la chavalada que va a esos saraos no va obligada nada más que por su propia necedad, también es cierto. Y como lo  es, los primeros responsables de lo que pasa son los propios chavales. El empresario no es, ni siquiera, el inductor del “crimen”, es la excusa. Y entre los inductores están los que se dedican a quitarle al sujeto de la acción cualquier responsabilidad sobre la misma para trasladársela a cualquier complemento o adverbio que encuentran a mano.

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