Rodrigo Rato detenido (en la tele)

No hará falta que me extienda en que me parece fenomenal que quien la haga la pague. No hará falta que me extienda en que me parecería aún más fenomenal que esto sucediese siempre; y tampoco en que me parecería mucho más fenomenal todavía si pudiese entender que existe proporcionalidad de la pena al delito o crimen cometido, cosa que con frecuencia duda uno en España que exista.

Que detengan a Rodrigo Rato me parece fenomenal. Que lo detengan, con alegría como si fuera la canción; pero a renglón seguido uno tiene que preguntarse si hace falta montar el circo mediático de la detención que se ha montado. Uno tiene que preguntarse por qué a este le registran la casa y a otros no. Y por qué de éste incluso miembros de su propio partido, compañeros de fila, lo matan mediáticamente, y lo condenan sin remisión sin dar el más mínimo margen a la presunción de inocencia.

Javier Dorado es diputado del PP de Galicia y Secretario General de NNGG.

Dijeron ayer los medios, siempre diciendo cosas, que Rodrigo Rato era un símbolo del Partido Popular. Hay una cuestión de tiempos verbales que conviene matizar: Rodrigo Rato FUE un símbolo del Partido Popular. Casi un héroe griego para las bases y la cara del milagro económico del PP de Aznar, de aquel PP que emergió entre las sombras de la corrupción socialista que había llevado al país a la ruina mientras saqueaba las arcas y se mostraba ante sus ciudadanos como colosos de la virtud y la prosperidad.

Pero de aquel PP y de aquellos años hoy no quedan más que sombras en el Partido Popular. El PP de Mariano Rajoy es mediocre en lo económico y la corrupción brota a cada portada de diario de entre sus filas casi con tanta fluidez como de las filas socialistas. Rodrigo Rato ya no era nadie. Nadie. Nadie con quien ningún político quisiera hacerse la foto; y desde luego nadie que despertase respeto y admiración. Tras su paso por Bankia, Rodrigo Rato era algo así como un dinosaurio con peste. Y así fue como lo detuvieron en su domicilio.

La casta contra la casta han llegado a decir algunos. Yo no lo creo. La casta no existe tal como nos la han pintado. Al igual que algún día hablábamos de la clase media y hoy hablamos de las clases medias, sería mucho más correcto hablar de castas en plural. Y de guerras de castas, en plural, va esta historia mucho más que de cualquier otra cosa. Porque ustedes podrán celebrar que un chorizo pague por sus delitos (que de momento, imagino, aún habrá de demostrar); ahí en cualquier caso, no les voy a objetar nada. Si ha robado que pague lo que le corresponda; pero yo no voy a celebrar esta operación, por lo indecente, y porque cuando uno observa y compara se da cuenta de aquí habrá habido la aplicación de la Ley, pero sin duda no se ha venido aplicando igual para todos; para Rodrigo Rato tampoco.

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