Ser persona es muy cansado

Con frecuencia hay gente que se queja de la pasividad de la demás gente. Y así como ellos mismos tampoco es que tengan un nivel de actividad realmente impresionante, en cambio gastan bastante tiempo y esfuerzo en criticar la falta de actividad del resto de la gente. Son personas bastante apasionadas. Todos conocemos alguna o algunas o unas cuantas más de las que nos gustaría, porque en general son bastante pesadas. Son la clase de personas que se pasan la mañana entera dando la murga, desahogándose con nosotros de la última injusticia que han padecido. Normalmente no dejan ni hablar, y otras veces cuando lo hacen, suele ser para rebatir cualquier idea que uno aporte, de tal forma que su caso siempre sea el más grave y nunca admite esa consideración racional que uno haya aportado en su breve – normalmente no suelen permitir que pase de “mini” – exposición.

Pero lo cierto es que más allá de estos pelmas, yo hace tiempo que he dejado de echarle la culpa de cualquier situación a las personas que se aprovechan de la masa y se la he empezado a echar a eso que se llama la masa. No digo que no tenga culpa el que abusa, que la tiene, pero la responsabilidad de que la situación se produzca se reparte entre muchas más personas que un tipo con mala entraña.

Para que haya un abuso del tipo que sea tienen que concurrir múltiples sujetos que participen de la situación. Junto al “malo de la película” tiene que haber otras muchas personas que con intereses más o menos torticeros o por pura desidia de sus funciones, lo permitan.

Si una empresa fija unas condiciones abusiva con sus clientes, siempre habrá alguien que diga que da lo mismo, porque todas son iguales. A lo que siempre habrá quien conteste: “Claro, como la gente no protesta…”. Si una persona siente que el partido político al que vota ignora sus intereses, siempre habrá quien le diga que es el sistema, que no hay nada que hacer. A lo que contestará: “Claro, como la gente no protesta…”. Y así podemos poner infinidad de ejemplos.

Pero si analizamos esta verdad incuestionable (que la gente no protesta), nos daremos cuenta que detrás de ella hay una realidad espantosa: Protestar es un acto individual e incierto. Es decir, es un ejercicio de la libertad individual, porque si “la gente” se decidiese a protestar ante cada injusticia que le tocase vivir, ya no habría “gente”, habría personas enfrentadas por defender sus derechos. Las masas se fragmentarían en individuos. ¡Qué pasada! ¡Y qué cansado! Tener que defender los derechos, mediante su ejercicio. ¡Eso tiene que desgastar mucho! No poder considerar a tu amigo como “gente” ni poder excusar sus faltas con la gente. Y lo que es más, no poder excusar ni las faltas propias,…

Con lo fácil que es apelar a la masa con una simple frase, “como la gente no protesta”, y al pronunciarla perderse entre el gentío…

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