No es una de piratas, pero sí de sinvergüenzas

La persecución de la libertad de expresión no es nueva, ni la ha inventado Zapatero. En todos los tiempos a la lo largo de la historia totalitarios y liberticidas han atacado con rabia furibunda la libertad de expresión. Han perseguido y cercenado todos los derechos que han podido, pero muy especialmente la libertad de expresión  porque les resulta molesta  sobre todas las demás. Porque el pensamiento libre y la expresión libre del pensamiento son a una la fuerza primera del oprimido ante el totalitario.

Estos días los liberticidas están intentando perpetrar un nuevo atentado sobre la libertad de expresión. Quieren, y lo quieren ya, que todas aquellas páginas de Internet que les molestan sean cerradas, sin demora ni garantías jurídicas. Cuando ellos quieran, con tan sólo decirlo. Su credo es la censura y su utopía la dictadura.

Los liberticidas son los que hacen demagogia y hablan de “piratería”. Que ya hay que ser sinvergüenzas para hablar de piratería, cuando familias españolas están sufriendo una y otra vez las atrocidades de los verdaderos piratas.

La piratería en todo esto no pinta nada.

Esta no es una historia de piratas y doncellas en apuros. Pero ya que ellos insisten en que sí, voy a intentar explicar para todo aquel que aterrice por Internet estos días y vea todo este revuelo y diga “no entiendo nada”, lo que realmente hay detrás de las acusaciones que hacen al conjunto de la comunidad de internautas: La defensa de las ayudas de Estado a la producción y el intento patético y vergonzoso de mantener unos negocios obsoletos a flote aunque sea a costa de cercenar las libertades de millones de personas.

En el primer grupo de liberticidas tenemos los que no tienen reparo en presionar lo que haga falta para que nuestros impuestos acaben en sus bolsillos; porque ese y no otro es el objetivo de las ayudas de Estado a la producción. Ayudas que reciben a modo de subvención (es decir, a fondo perdido) los “artistas”, so pretexto que se dedican a la cultura (que no es verdad, se dedican a un negocio y puestos a recibir ayudas deberían hacerlo del Ministerio de Industria, no del de Cultura),  y ahora so pretexto también de la existencia de una “piratería” que les perjudica.  Ayudas que ingresan en sus arcas y de las que no devuelven ni un duro aun cuando el proyecto sea un éxito económico.

Pero, lo que no les cuentan a ustedes es que  las subvenciones al cine y a la música y al arte en general se vienen dando en España desde mucho antes de Internet y de las redes p2p y de cualquier intervención de la e-Comunicación que ustedes quieran considerar. Y lo que también es así, es que no es cierto que Internet les perjudique ni lo más mínimo.

Todos conocemos casos más que de sobra de artistas que podríamos citar que sobreviven gracias a foros de Internet, sin los cuales su periodo de fama y gloria hubiera pasado a mejor vida hace mucho tiempo.

Todos conocemos como el estreno de películas de culto genera ya no colas de espera (como generan los conciertos de los grupos más comerciales) sino que incluso provocan solicitudes de días libres para asistir a los estrenos.

Y lo que es más escandaloso aún es que todos sabemos que hoy más que nunca los artistas ganan más dinero. Y más que ganarían si todos estos enemigos de la libertad y amantes de los monopolios no se opusieran a ello.

Así que el argumento de que la “piratería” les perjudica, no cuela.

Pero además, es que no cuela por otra razón, todavía más sencilla: La tecnología es la que es. Y si usted en este estado de la tecnología no es capaz de sostener un negocio, debe dedicarse a otro negocio, o al menos aguantar el chaparrón de su insensatez. Y no pretender imponer por ley el retraso tecnológico, técnico y científico para que usted se ponga las botas a costa de degradar el nivel de vida de los demás.

Y esto nos conduce al segundo grupo de liberticidas. En el que encontramos a distribuidores de contenidos embebidos en soportes físicos y a gerentes y propietarios de medios de comunicación tradicionales sin escrúpulos ni decencia que no titubean en pedir los mismos métodos que rechazaron para ellos para todos aquellos que identifican con su competencia. A esa catadura moral es a la que llegan algunos de estos individuos.

Así que cuando les cuenten que ellos sólo buscan que se haga cumplir la ley, no les crean. No les crean a quienes tal proponen saltándose cualquier cosa que siquiera huela a derecho o garantía jurídica. No les crean a quienes abogan por la censura. Y lo que es más grave, no les crean a quienes lo que están defendiendo una y otra vez, con todos los medios a su alcance es quedarse con su dinero y frenar el progreso. No les crean, más que nada porque en esta historia no hay piratas; pero sí un atajo de sinvergüenzas que quieren quedarse con su dinero y acaparar todos los derechos para ellos, aunque sea a costa de pisotear los de usted, los míos y los de todos cuantos caigan a su paso.

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