A Propósito de la Tolerancia

Hoy nos recuerda un artículo de La Razón Digital que “En el Capitolio sí se aceptan santos“. Es lo mismo que las crucifijos en los colegios, o que cualquier otra expresión del sentir religioso de una población. Al fin y al cabo es lo mismo, de lo que estamos hablando es de la tolerancia.

En el Capitolio de los Estados Unidos, hay un centenar de figuras que representan a grandes personalidades de la historia del país, a razón de dos por Estado.

Al contrario que Santa Maravillas en España, ninguno ha nacido en el edificio del Capitolio, y de hecho muchos nacieron en el extranjero. A nadie le molesta que entre generales, políticos, inventores y juristas figuren cinco clérigos católicos y otros tantos misioneros y predicadores protestantes.

La Razón

Y es normal que no moleste en un país que nació bajo la bandera de la libertad. Si los United States of America tienen sus sombras, que las tienen, y algunas bien oscuras, también tienen sus luces; y, bien poderosas, por cierto.

La tolerancia consiste precisamente en eso: En aceptar lo que es distinto, no para uno mismo necesariamente, pero sí con el respeto que en una sociedad que aspire a una verdadera convivencia merecen las ideas ajenas.

Siempre habrá gente dispuesta a imponer su visión del mundo, y decir que le molesta esto o aquello otro, y al mismo tiempo esgrimir aquello de “a quien no le guste, que no mire”. Todo a la vez, según para qué. Es simplemente cuestión de ir usando una u otra postura alternativamente según la conveniencia en cada caso; y así, paso a paso, ir apretando más y más el corsé de las libertades de los demás, para sentirse a sus anchas, aunque sea a costa de la asfixia ajena.

Lo cierto es que el célebre sermón del pastor luterano Martin Niemöller tiene tanta vigencia hoy como la tenía entonces:

Primero fueron a por los judíos,
y yo no hablé porque no era judío.

Después fueron a por los comunistas,
y yo no hablé porque no era comunista.

Después fueron a por los católicos,
y yo no hablé porque era protestante.

Después fueron a por mí,

y para entonces ya no quedaba nadie que hablara por mí.

(Una de las múltiples versiones que recorren el mundo del mal llamado “poema” de Niemöller, en otras versiones el sermón comienza con los comunistas, para el objeto de este artículo es absolutamente indiferente).

Las personas debemos reivindicar nuestros derechos a la libres expresión y la convivencia. Las estatuas, los nombres de las calles, los crucifijos no deben ser usados como armas arrojadizas, sino como pretextos para la reflexión y el debate.

No debemos permitir que en el siglo XXI aún haya personas que se carguen de “razones” echando culpas a los no culpables. No sirve el argumento de “me molesta esto porque representa tal”. Eso no es un argumento válido para construir una sociedad sana, es un argumento para oprimir a una parte de la sociedad, para tratar a los individuos como si fueran masas y atribuír a todo un conjunto las obras de unas determinadas personas.

Ante estos argumentos siempre hay quien sentencia que no tiene porque aguantar o soportar, que lo público no es mío o de este o de aquel… Es verdad… A medias.Lo público no es mío exclusivamente, pero tampoco exclusivamente suyo; y tanto derecho tiene aquél a ver una pared desnuda como yo a verla con un crucifijo. Tanto derecho tiene él a pedir una estatua a un político o a un escrito, como yo a misionero o a una monja. Y tanto debo de aceptar yo su preferencia por lo desnudo, o por el político, como debe de aceptar él mi preferencia por el misionero, la cruz, o la monja.

Ese es el principio de la tolerancia y del respeto; y fuera de ellos, no tiene cabida la convivencia en libertad e igualdad, sino la imposición y la tiranía.

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4 comentarios en “A Propósito de la Tolerancia

  1. Por eso se habla tanto de ellos (la tolerancia y el respeto) y se ejercitan tan poco; porque en el fondo hay mucha gente que no quiere una democracia más que en apariencia, para poder decir que hay libertad mientras pisotean al que tienen al lado.Por cierto, que ya vi la invitación de los Premio al Mejor Blog y a las sugerencias para la II Edición, pero como no tuve ocasión (por motivos particulares) de participar en la primera, me parece excesivo hacer sugerencias sobre la segunda; pero gracias de todos modos.

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  2. Eso es lo que falta, tolerancia y respeto. si no hay esos dos elementos es imposible llevar bien una democracia.Hablas de que el Capitolio aceptan santos, tampoco hay que ir tan lejos en sus billetes rezan una frase que dice: In God Trust o sea, en Dios confiamos. Vamos, ya me imagino la escandalera que montarían aqui algunos si en las monedas llevasen esa inscripción.

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