Sopena, Betancourt y los de las pistolas


«Si hasta Ingrid Betancourt aboga por dialogar, por qué no con ETA»
. Así se expresaba Sopena en La Mirada Crítica (PeriodistaDigital) para ir abriendo el camino de nuevo al diálogo con los chicos de las pistolas.

El “argumento”, sostenido sólo unos días después de que ETA volviese a intentar una nueva masacre en España que podría haber costado un millar de vidas (y que supuso más de 200 heridos leves, y hay que decir que por fortuna tan sólo), que tiene aún a 94 personas ingresadas tan sólo por el escape de gas tras la exploción, es el discurso de “permanente diálogo” de la colombiana.

Pero lo de Betancourt, premios no se sabe a santo de qué aparte, es fácil de resumir. No hay más que tirar de la conocida Wikipedia:

El 23 de febrero de 2002, en momentos que se dirigía a la zona de distensión establecida por el entonces presidente Andrés Pastrana con el fin de realizar conversaciones de paz con la guerrilla de las FARC, fue secuestrada junto a su acompañante y asesora Clara Rojas. Su secuestro, que tuvo una duración de seis años, cuatro meses y nueve días, mantuvo en vilo a Colombia, así como a Francia y otros países. Durante su cautiverio sufrió los rigores de su reclusión en zonas selváticas de Colombia, junto con varios compañeros en su prisión. Su caso ganó crecientes sentimientos de solidaridad, convirtiéndose en una cause célèbre. Su situación dio un dramático vuelco el 2 de julio de 2008, cuando miembros de las Fuerzas Armadas realizaron una operación de inteligencia militar que tuvo como resultado su liberación junto con tres contratistas estadounidenses y once miembros del Ejército Nacional, que habían permanecido secuestrados algunos por más de diez años. Su liberación por medio de la llamada Operación Jaque constituyó un gran triunfo político para el gobierno de Álvaro Uribe.

(Wikipedia)

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2 comentarios en “Sopena, Betancourt y los de las pistolas

  1. Por supuesto, pero así se puede jugar a la demagogia de intentar separar buenos y malos, gente razonable y gente radical. Como si “hablar” fuese a servir de algo con gente que hace de matar, extorsionar, etc. su forma de vida.

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  2. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Intentar dialogar con el que no quiere es absurdo, mira que se ha intentado otras veces, y todas ellas han fracasado.

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